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Estudio prospectivo del detedioro
cognitivo en pacientes oncológicos paliativos ambulatorios.
"Medicina
Paliativa 2005; vol 12, número 1, páginas 6-11"
Autores: Deus-Yela J.(1,2), Villar-Fernández J.L.(3), Salas-Cortés
M.)4=, Antoñana-Michelena N.(4), Rodés-García
E.(4) , Pujol-Nuez J(2), Gutierrez-Rosado T.(1), Villafaña-Tudela
F.(1) & Hernández-Bronchud M(3).
1. Departamento
de Psicología de la Salud y Psicología Social. Facultad
de Psicología. Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).
2. CETIR
Grup Mèdic. Centre Diagnòstic Pedralbes de Barcelona.
3. Unidad
de Oncología. Hospital General de Granollers. 4. Servicio
de Psicogeriatría. Antic Hospital de San Jaume i Santa Magdalena
de Mataró. Consorcio
Sanitario del Maresme.
PRIMER
AUTOR: Dr. Joan DEUS i Yela
DIRECCIÓN: Departamenteo de Psicología Clñinica
y Psicología Social. Facultad de Psicología. Universidad
Autoónoma de Barcelona. Edificio B. 08193 Bellaterra (BARCELONA)
TELÉFONO: 93 581 38 64
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Resumen |
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| Diversos
estudios sugieren que los trastornos cognitivos pueden ser
frecuentes en pacientes con cáncer avanzado. Su prevalencia
es muy variable (8-90%) y son pocos los estudios prospectivos
con pacientes paliativos ambulatorios.
OBJETIVO. Estudiar la prevalencia del deterioro
cognoscitivo en pacientes paliativos oncológicos ambulatorios
y precisar la prueba de cribado cognitivo más sensible.
MÉTODO
Muestra. 16 pacientes oncológicos
paliativos, 7 hombres (43,8%) y 9 mujeres (56,3%), con una
media de edad de 73 años (+12,9) y 3,8 años
de escolarización (+3,3). El diagnóstico mayoritario
fue de neoplasia digestiva (68,8% de los casos). Durante la
valoración cognitiva tres pacientes (19%) estaban tratados
con mórficos.
Material. Se administró ambulatoriamente
una batería cognitiva que incluía el Mini-Examen
Cognitivo de Lobo (MEC), la Escala de Evaluación Cognitiva
de Clifton (CAS), la Evaluación Rápida de Funciones
Cognitivas de Gil (ERFC) y el subtest de Claves del WAIS-III.
RESULTADOS. Cuatro pacientes (25%) presentaban
un deterioro cognitivo cortical difuso, sugestivo de posible
Demencia Primaria. En el resto de pacientes, el CAS y el ERFC
objetivaron un deterioro cognitivo leve en 6 (50%) y 9 (75%)
casos respectivamente. Mediante el MEC se detectó un
solo caso (8,3%). CONCLUSIONES. La mayoría de los pacientes
oncológicos paliativos tienen un déficit cognoscitivo
leve y específico. El MEC parece tener menor sensibilidad
para detectar dicho déficit, respecto al CAS y el ERFC.
El enlentecimiento motor y mental parecen ser el déficit
cognoscitivo más característico de dicha población.
Finalmente, el déficit cognitivo no parece ser una
variable relevante para predecir la esperanza de vida.
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Introducción |
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Existen
pocos trabajos prospectivos que hayan estudiado el déficit
cognitivo en pacientes oncológicos paliativos ambulatorios
(1-3). Contrariamente, diversos estudios retrospectivos
han consensuado que los pacientes oncológicos pueden
padecer alteraciones cognoscitivas (4-6), siendo el delirium
el principal trastorno descrito (7-11). La prevalencia del
deterioro cognitivo varia entre los diferentes estudios
estimándose un amplio rango que oscila entre un 8%
y un 90% de los pacientes (4, 2, 9 y 12-15). Esta variabilidad
puede atribuirse a las diferencias clínico-demográficas
en la población de pacientes oncológicos estudiada,
el instrumento de evaluación del deterioro cognitivo
utilizado, los criterios utilizados para definir el deterioro
cognitivo (2 y 16) y, matizar, que algunos estudios se han
llevado a cabo en muestras reducidas (1 y 15).
El deterioro neuropsicológico de estos pacientes
es potencialmente reversible en un significativo porcentaje
de ellos (11 y 15). La persistencia del déficit cognitivo
(15) y la gravedad del deterioro cognoscitivo pueden ser
indicadores de pobre pronóstico (15 y 17). La importancia
del deterioro cognitivo, en dichos pacientes, se fundamenta
en su relación con una mayor morbilidad, un incremento
del estrés en los familiares y en el cuidador principal
y un importante impacto en la calidad de vida del paciente
oncológico (3, 9, 15 y 18).
A pesar de reconocerse la relevancia de las alteraciones
neuropsicológicas, en los pacientes oncológicos,
el déficit cognitivo que muestran es frecuentemente
relativizado o no diagnosticado (9, 11 y 19). En consecuencia,
para mejorar la detección precoz de dicho deterioro,
su diagnóstico y su manejo, algunos autores han sugerido
el uso regular de instrumentos de cribado cognitivo, de
fácil manejo y de rápida aplicación,
como exploración clínica complementaria (1,
3, 9 y 15). Con dicho propósito el Mini Examen Cognitivo
de Folstein (MMSE)(20) ha sido el test de evaluación
del deterioro cognitivo más ampliamente utilizado
(2, 15 y 21-22), en esta población de pacientes,
por su fácil manejo y rápida aplicación
(9). Dicho instrumento se considera una prueba de cribado
cognitivo para el diagnóstico de la demencia, con
reconocidas limitaciones (23-24), y ni parece ser la mejor
medida para precisar la existencia o ausencia de deterioro
cognitivo ni un buen indicador pronóstico en la población
de pacientes con cáncer avanzado (24).
El objetivo del presente estudio piloto prospectivo ha sido
determinar la posible incidencia y especificidad del deterioro
cognoscitivo en una muestra de pacientes oncológicos
paliativos ambulatorios mediante una batería neuropsicológica
constituida por una serie de pruebas psicométricas,
consideradas clásicamente de cribado cognitivo, y
precisando aquél instrumento que pueda resultar más
sensible para dicha finalidad.
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Material y método |
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Muestra
Estudio prospectivo en el que se incluyeron 16 pacientes
oncológicos paliativos ambulatorios (tabla 1). Muestra
formada por 7 hombres (43,8%) y 9 mujeres (56,3%) de raza
caucásica. La media de edad era de 73 años
(+12,9) y 3,8 años de escolarización (+3,3).
Únicamente un paciente (6,3%) presentaba quejas subjetivas
de déficit cognitivo. Se reclutaron de las consultas
externas de pacientes paliativos del Antic Hospital de Sant
Jaume i Santa Magdalena. Los criterios de inclusión
fueron: diagnóstico de proceso neoplásico
en fase avanzada; paciente no ingresado y controlado ambulatoriamente
en consultas externas; paciente médicamente estable;
ausencia de diagnóstico de síndrome confusional
agudo en el momento del examen neuropsicológico;
y ausencia de alteración emocional clínicamente
sintomática en el momento de la exploración
cognitiva. El diagnóstico oncológico establecido
fue de 11 pacientes con neoplasia digestiva (68,8%), 2 con
neoplasia génito-urinaria (12,5%), uno con neoplasia
pulmonar (6,3%), uno con neoplasia de mama (6,3%) y uno
con melanoma maligno (6,3%). Durante la valoración
cognitiva solamente tres pacientes (19%) estaban en tratamiento
con mórficos.
Procedimiento de Evaluación Cognitiva
Se diseñó una batería de exploración
neuropsicológica constituida por el Mini Examen Cognitivo
de Lobo (MEC) (25-26), la Escala de Evaluación Cognitiva
de Clifton (27), la Evaluación Rápida de Funciones
Cognitivas de Gil (ERFC)(28) y el subtest de Claves de la
Escala de Inteligencia de Wechsler para Adultos Revisada
(WAIS-III)(29). La elección de dichos instrumentos
se fundamentó en los criterios de sensibilidad para
la detección del déficit cognitivo y en su
rapidez de aplicación para evitar la fatiga del paciente.
Dicha batería se administró a todos los pacientes,
de acuerdo a un orden estandarizado, por un mismo neuropsicólogo
experimentado. La exploración tenía una duración
aproximada de 35 minutos y efectuada previa visita del oncólogo.
Mini Examen Cognitivo de Lobo (MEC)(25-26)
Escala breve ampliamente utilizada en la clínica
y en los estudios de investigación (30). Instrumento
que requiere entre 5-15 minutos para su aplicación
(31). Deriva del MMSE (20), el más internacionalmente
difundido, a pesar de sus críticas por el elevado
índice de falsos positivos (32), por su clara correlación
negativa con el nivel de instrucción previo y por
resultar insensible a déficit leves (33). El MEC
ha sido validado y adaptado en nuestro país por Lobo
y Ezquerra en 1979 y 1980 (25-26), con algunas diferencias
respecto al MMSE. Tanto en muestras clínicas como
poblacionales ha mostrado una adecuada validez, fiabilidad
y poder discriminativo, con una especificidad del 82% y
una sensibilidad del 84,6% que se incrementa en pacientes
geriátricos al 92,3% y 95,2% respectivamente. En
un trabajo relativamente reciente (34), de revalidación
y normalización en población con edad superior
a 65 años, se constata que si se utiliza una puntación
de corte de 23-24 puntos, el MEC muestra una sensibilidad
del 89,8% y una especificidad del 83,9%. Se establece como
punto de corte, para el diagnóstico de deterioro
cognitivo, una puntuación igual o inferior a 27 para
sujetos con una edad inferior a 65 años (25). Consta
de un total de 35 ítems que valoran las siguientes
funciones cognitivas (31): orientación temporal y
espacial, atención y cálculo mental, memoria
verbal inmediata, memoria verbal diferida a corto plazo,
memoria verbal de trabajo, razonamiento verbal abstracto,
funciones lingüísticas y praxis visoconstructiva.
Escala de Evaluación Cognitiva de Clifton
(27)
Configurada en dos medidas independientes, la Escala de
Evaluación Cognitiva (CAS) y la Escala de Valoración
de la Conducta (BRS), que pueden utilizarse conjuntamente,
para poder obtener una evaluación global del deterioro
cognitivo y conductual del sujeto, o por separado (27).
En el presente trabajo se ha utilizado solamente el CAS.
Es un test cognitivo breve que puede ser aplicado con un
reducido entrenamiento y en no más de 10 minutos.
Consta de tres subtest: el de Información y Orientación
(IO), el de Habilidad Mental (HM) y el Psicomotor (PM) que
consiste en un laberinto en espiral. Las imprecisiones en
la ejecución de la prueba de PM han demostrado ser
un buen índice de deterioro cognoscitivo. La fiabilidad
del CAS son de 0.87 para el subtest IO, de 0.89 para el
subtest HM y de 0.79 para la prueba PM. Se constata una
buena validez predictiva en comparación a otras pruebas
cognoscitivas (27). Finalmente, los puntos de corte son
las puntaciones transformadas de 12 para el subtest IO,
10 para el subtest HM y de 11 para el subtest PM.
Evaluación Rápida de Funciones Cognitivas
de Gil (ERFC)(28)
Dicha prueba presenta una gran correlación con el
MMSE (r=0.91) y permite, en un tiempo inferior a 15 minutos,
un examen mínimo cognoscitivo rápido, y de
sencilla administración, un poco más amplio
que el MMSE y el MEC. Permite estudiar las funciones neuropsicológicas
de orientación, aprendizaje verbal, retención
verbal a corto plazo, memoria verbal inmediata y de trabajo,
cálculo mental, capacidad de pensamiento lógico
verbal y juicio, comprensión oral y escrita, escritura,
denominación por confrontación visual, repetición,
fluidez verbal con consigna semántica, praxis ideomotriz
y constructiva y capacidad de reconocimiento visual. La
puntuación máxima es de 50 puntos. Una puntuación
inferior a 46, en un paciente con edad inferior o igual
a 60 años, indica una probabilidad significativa
de déficit cognoscitivo. Cuando el paciente tiene
una edad superior a 60 años y con un nivel de estudios
mínimo de Bachillerato el punto de corte es de 47
puntos. Una puntuación de 38,5 puntos en el ERFC
equivale a una puntuación de 23 puntos en el MMSE
y sugiere claro déficit cognitivo (28).
Velocidad Visoperceptiva (Subtest de Claves del
WAIS-III)(29)
Prueba rápida y de sencilla administración,
de 90 segundos de ejecución, en el que se valora
la velocidad psicomotriz y la precisión de ejecución
ante estímulos visuales. Forma parte de una escala
de evaluación cognitiva más amplia, la Escala
de Inteligencia par Adultos Revisada (WAIS-III)(29), y la
puntación directa obtenida se transforma, según
la edad del sujeto, en puntuación típica con
un punto de corte de 7.
Procedimiento estadístico
Se ha efectuado una análisis epidemiológico
mediante un estudio de proporciones. Un análisis
de correlaciones de Spearman ha permitido valorar la asociación
entre las puntuaciones de los distintos instrumentos de
evaluación cognoscitiva y las variables clínicas
registradas. Se ha utilizado un intervalo de confianza del
95% para la significación estadística.
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Resultados |
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El
estudio de las funciones cognoscitivas objetivó que
cuatro pacientes (25%) mostraban un perfil neuropsicológico
sugestivo de deterioro cognitivo cortical difuso compatible
con posible diagnóstico de Demencia Degenerativa
Primaria (DDP) y con un grado de deterioro global compatible
con un GDS 5 de Reisberg (35).
Considerando, únicamente, la muestra de pacientes
oncológicos paliativos sin diagnóstico sugestivo
de DDP, un total de 12 pacientes en estudio, el MEC pudo
demostrar deterioro cognitivo, y de leve intensidad, en
un único caso (8,3%). Por el contra, la ERFC objetivó
la presencia de deterioro cognitivo leve en nueve pacientes
(75%). No obstante, el CAS se perfiló como la prueba
cognitiva más sensible para detectar el déficit
cognitivo y delimitar el grado de severidad del mismo, demostrando
un deterioro cognitivo leve en seis casos (50%), un deterioro
moderado en cuatro pacientes (33,33%) y un deterioro acusado
en un solo caso (8,3%) (figura 1).
Tras un análisis de los diferentes subtest, y de
acuerdo a los puntos de corte que sugieren déficit
de la función cognoscitiva evaluada, las funciones
cognitivas más alteradas fueron la velocidad visoperceptiva,
la habilidad y destreza psicomotriz, la memoria verbal de
trabajo y la habilidad de cálculo mental. En menor
medida resultaron deficitarias la memoria verbal a corto
plazo y la memoria semántica (tabla 2). Sin embargo,
ninguno de los tests cognitivos utilizados, ni ninguna de
las funciones cognitivas evaluadas, mostraba una relación
estadísticamente significativa con el tiempo de supervivencia
(r=0,089 P=0,795 para el MEC; r=-0,021 P=0,950 para el CAS;
r=0,027 P=0,936 para el ERFC). El tiempo de supervivencia
se definió como el tiempo transcurrido en días
entre la exploración cognitiva efectuada al paciente
y el día del éxitus, con una media de 107,3
(+ 93,3) para los pacientes oncológicos paliativos
sin criterios de DDP. |
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Discusión |
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| Los
resultados obtenidos confirman un deterioro cognitivo y potencialmente
específico en pacientes oncológicos paliativos
ambulatorios. La prevalencia del deterioro cognitivo se sitúa
entre un 8,3% y un 91% de los pacientes, sin criterios de
DDP, si bien la intensidad del déficit es leve entre
el 50% y 75% de los casos. Esta amplia variabilidad puede
deberse al instrumento de evaluación cognitiva utilizado.
Así, se puede considerar que el CAS (27) es la prueba
más sensible para la detección del déficit
cognitivo y, además, posibilita una mejor graduación
de la intensidad del deterioro. En relación con la
especificidad del déficit cognoscitivo el enlentecimiento
motor, visoperceptivo y mental y la memoria verbal de trabajo
parecen ser la alteración neuropsicológica más
característica de dicha población. No obstante,
el déficit cognitivo detectado no se relaciona con
la esperanza de vida del paciente.
Hay pocos estudios prospectivos con pacientes oncológicos
paliativos ambulatorios que hayan determinado la prevalencia
de deterioro cognitivo, situándola entorno a un 36,1%
de los casos (3). La mayoría de los estudios de pacientes
con cáncer avanzado han sido retrospectivos y, además,
con pacientes ingresados demostrando que la incidencia de
una alteración cognitiva no es baja (2, 4-6 y 16).
No obstante, ésta se ha perfilado como un delirium,
mayoritariamente, de causa multifactorial (10-11 y 15) y potencialmente
reversible (11 y 15). En el presente trabajo no se ha detectado
ningún caso con delirium. Ello se debe a que los pacientes
incluidos en la muestra se han estudiado de forma prospectiva
y ambulatoria excluyendo, específicamente, la posibilidad
de un delirium que pudiera enmascarar la presencia de otros
déficit cognitivos específicos. Por otra parte,
la DDP es una de las causas más frecuentes de alteración
cognitiva en la población senil, incrementándose
su prevalencia por encima de los 70 años. La media
de edad de la muestra en estudio es de 73 años y ello,
posiblemente, sea una de las causas de que se haya objetivado
un 25% de casos con posible diagnóstico de DDP. Excluyéndose
dichos pacientes se sigue constatando una alta prevalencia
de un leve deterioro cognitivo en pacientes oncológicos
paliativos ambulatorios.
La detección del déficit cognitivo en pacientes
con cáncer avanzado se ha efectuado bien sobre la base
de quejas subjetivas mostradas por el propio paciente (3 y
18) bien basándose en la monitorización objetiva
de la alteración cognitiva (3 y 18). Con relación
al primer procedimiento, se ha constatado que el deterioro
cognitivo subjetivo no se correlaciona con la intensidad del
déficit precisado con pruebas neuropsicológicas
objetivas (3 y 18), sugiriéndose que no se puede considerar
un buen indicador de la presencia o ausencia de déficit
cognoscitivo. Para delimitar objetivamente la alteración
cognitiva de estos pacientes se han utilizado varios métodos
de cribado cognoscitivo, siendo el MMSE (20) el más
ampliamente utilizado (9 y 21). No obstante, se ha señalado
que el MMSE (20), o en su defecto el MEC (25-26), puede conducir
a un falso diagnóstico de ausencia de deterioro cognitivo
(24). En consecuencia, dicho instrumento psicométrico
no parece ser la mejor medida neuropsicológica para
precisar la existencia o ausencia de deterioro cognitivo ni
un buen indicador pronóstico en la población
de pacientes con cáncer avanzado (24). De hecho, los
resultados del presente estudio sugieren que el MEC tiene
menor sensibilidad para detectar el déficit cognoscitivo,
en pacientes oncológicos paliativos ambulatorios, respecto
al ERFC (28) y el CAS (27). Éste último posibilita
una mejor graduación del deterioro neuropsicológico.
Está consensuado que el uso de instrumentos de cribado
cognitivo posibilita, en mayor o menor medida, detectar la
ausencia o presencia del deterioro cognoscitivo pero no la
especificidad del mismo, siendo el primero el objetivo principal
de la mayoría de los estudios retrospectivos y prospectivos
de pacientes con cáncer avanzado. No obstante, se ha
matizado la necesidad de que el estudio de cribado cognitivo
debería complementarse con una evaluación neuropsicológica
más exhaustiva y específica posterior (3 y 15).
Se ha precisado la posibilidad de un deterioro específico
de la función mnésica y de atención-concentración
sin observarse una prevalencia importante en el deterioro
de las funciones ejecutivas (3). Los resultados del presente
trabajo sugieren que el enlentecimiento motor, visoperceptivo
y mental y la memoria verbal de trabajo constituyen el trastorno
cognitivo específico de dicha población, pudiendo
ello tener claras connotaciones en el consejo clínico
para las actividades de la vida diaria y la toma de decisiones
del paciente oncológico paliativo ambulatorio.
Por otra parte, se ha intentado explicar la causa del deterioro
cognitivo al asociarlo a varios factores causales propios
del cáncer en fase avanzada, tales como el tipo de
neoplasia, las alteraciones metabólicas, el uso de
opiáceos, la fatiga y los trastornos emocionales secundarios
al proceso (2-3, 9 y 36). Es plausible considerar, respecto
a éste último factor causal, una posible relación
con el déficit cognitivo, puesto que la alteración
afectiva frecuentemente se ha asociado a la presencia de deterioro
cognitivo (3 y 37). De hecho, la prevalencia de depresión
en pacientes oncológicos paliativos es alta (15, 36-37),
si bien su incidencia se estima en un amplio rango que oscila
entre un 1% y un 53% de los pacientes (36). En el presente
estudio no se puede valorar la posible relación del
estado afectivo ni con la intensidad ni con la especificidad
del deterioro cognoscitivo. Ello se debe a que no se han incluido
pacientes con alteración clínicamente significativa
del estado emocional. Asimismo, el escaso número de
pacientes que estaban en tratamiento con mórficos,
durante el estudio cognitivo, y la variabilidad de los tipos
de neoplasia primaria, en una muestra tan reducida de pacientes,
tampoco permiten sacar conclusiones causales del deterioro
cognitivo observado.
Finalmente, en las dos últimas décadas ha habido
un incremento del interés para estudiar variables que
pudieran utilizarse como determinantes pronósticos
en pacientes con cáncer avanzado (38). En muchos de
estos estudios se ha sugerido que la presencia de déficit
cognitivo puede ser un indicador de pobre pronóstico
(15, 18 y 38). En el presente trabajo no se ha podido establecer
la relevancia del déficit cognoscitivo como variable
que permita predecir la esperanza de vida. Ello puede deberse
a varias razones. En primer lugar, ha de asumirse que la muestra
clínica es muy reducida. En segundo lugar, se ha estudiado
la relación del deterioro cognitivo con la esperanza
de vida excluyendo aquellos pacientes con un déficit
cognoscitivo sugestivo de DDP que, por sí misma, aumenta
el riesgo de mortalidad. En tercer lugar, algunos estudios
sugieren que la relación entre el deterioro cognitivo
y el pronóstico de supervivencia se determina en función
del grado de alteración neuropsicológica. Así
un déficit cognoscitivo moderado o severo puede asociarse
con un incremento del riesgo de mortalidad (17). En el presente
trabajo la mayoría de pacientes han mostrado un deterioro
cognitivo leve.
El conjunto de resultados del presente estudio piloto prospectivo
permite concluir que la frecuencia de una alteración
cognitiva en pacientes oncológicos paliativos ambulatorios
no es baja, si bien de leve intensidad y, posiblemente, específica
en la mayoría de los casos. |
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Conclusión |
 |
| De
los resultados del presente estudio prospectivo pueden establecerse
las siguientes conclusiones: 1. La prevalencia de deterioro
cognoscitivo en pacientes oncológicos paliativos ambulatorios
no es baja; 2. El grado de deterioro cognitivo es, mayoritariamente,
leve; 3. El MEC da un alto número de falsos negativos,
siendo el ERFC y el CAS los instrumentos más sensibles
para detectar el déficit cognoscitivo; 4. El deterioro
cognitivo puede ser específico; 6. Un leve déficit
cognitivo no parece ser una variable relevante para predecir
la esperanza de vida; 7. Las funciones cognitivas en dichos
pacientes deberían ser sistemáticamente monitorizadas. |
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